Límites, ¿existen? SÍ.

 

Pasó por mi mente ayer, a las 2:15 am:

Será cierto que la situación es la que es, y que lamentar un día de trabajo estresante es para muchos poco más que un insulto, como si recibir una nómina a fin de mes fuese razón suficiente para aguantarlo todo. Hasta hoy, salir de la oficina era mi último gramo de trabajo diario. Llegar a casa, motivo de desconexión – no siempre -, de ocio, relax, whatever. Todo bien.

Hoy no. Hoy probablemente haya sobreestimado mis capacidades; o mejor dicho, haya infravalorado mi necesidad activa. Mi necesidad de leer blogs y revistas de coches, de la XBOX, de salir, de hablar, de imaginar despierto. Más de un mes de días de diario sin llegar a casa “libre”, a pesar de que el trabajo 9-to-17 lo permite.

Los Centros Comerciales, las cadenas de favores y esa habilidad que amigos y familiares entienden como fácilmente “mandable” para hacerlo “cuando puedas” porque “a ti se te ocurrirá algo” están acabando conmigo, con mi tiempo, mis horas de sueño y, por qué no decirlo, con mis fines de semana. Llegar el viernes a las 14:00 y ver como el cansancio te impide dormir o hacer planes a partes iguales me resulta insoportable. Salir a cenar y querer volver a las 2:00 está muy lejos de mi manual de comportamiento. Y no, no son los 30.

Me planteo seriamente una pregunta para la que siempre creí tener respuesta. ¿Merece la pena ganar más dinero ASÍ?

Sé que no, como también sé que lo seguiré ganando con mucho menos esfuerzo cuando termine un par de proyectos, pero lo escribo, lo pienso y me siento mejor.

También me siento mejor por más cosas (tengo que decirlo, porque es así…), Supongo que de ahí nace la poca vitalidad que me queda para mover los labios y decir (o mover los dedos y escribir) cuatro cosas que pasan, pasan y vuelven a pasar por mi mente el poco tiempo que está despejada.

 

La canción de hoy: Hoobastank – “The Reason” (a ver si me acuerdo de como se insertan los códigos):

 

El coche de hoy: Nissan Datsun 240z

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