Quique González

Pasó por mi mente esta tarde, escuchando “Hotel Los Ángeles” después de comer:

Me gusta la música. Bastante. De hecho, desde hace ya bastante tiempo he ampliado mi espectro musical a casi todos los registros. Estoy en contra del hermetismo en el que muchos se sumergen para parecer más auténticos y entregados a la causa de un estilo concreto. Cuando además, de un manera o de otra, quieres construir música de la nada, es básico nutrirse de todo, en mi caso con predilección por la música brasileña, soul, electrónica, etc.

 

Pero más allá de los estilos, si hay un artista que a su vez me parece un género en sí mismo es Quique González. Sencillo pero no empalagoso de humildad. Sonidos distintos, letras trabajadas pero fáciles de entender, ingeniosas, pero por encima de todo la particular historia de por qué lo sigo escuchando, de cuando empecé, de los dos conciertos, de “su día libre”, de “salitre”, de los momentos y de la nostalgia que a veces me invade entre anécdotas, sonrisas e historias ocultas en sus canciones. No soy capaz de imaginar según qué cosas si no existiese ese universo paralelo.

 

Me conformaba cuando estaba más o menos bien.

 

La canción de hoy: “Hotel Los Ángeles” – Quique González –

 

El coche de hoy: BMW Pininfarina Gran Lusso Coupé

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Music!

 

Pasó por mi mente esta tarde, escuchando la canción del día (últimamente estoy unificando de escándalo los contenidos):

No voy a caer en la típica pregunta “¿Qué sería de nosotros sin la música?” porque es obvio que sería distinta, pero tal vez de no existir la música hubiésemos desarollado una habilidad alternativa como yo que sé, la magia, e igual seríamos capaces de teletransportarnos a nuestro antojo sin límite de distancia. Por tanto, ¿es la música la causante de la dependencia universal de los paises ricos en petróleo? No, realmente no lo creo.

Lo que realmente pasó por mi mente hace unas horas fue la dependencia de según qué sensaciones en función de la música. Recordar un mismo hecho o caer en utópicas ensoñaciones por varias notas, melodías, instrumentos y voces. No necesariamente pienso en el romanticismo que a algunos les provocan los temas de Pablo Alborán en las frías tardes de invierno, bombones y pañuelos. La misma intensidad emocional me provocan los Serbia al salir de la ducha que las instrumentales de Griffi mientras cocino un par de pechugas de pavo secas como cajas de cartón. La verdadera habilidad de la música está en que lo mismo que está siendo reproducido en una cabeza, tiene un color distinto si va con la música adecuada. La música es el payaso mimado de Mikolor. Mismo hecho, distinta emoción.

Como sé que algún día releeré esto y pensaré, ¿qué estás diciendo, Miguel? no está de más sacar a relucir la conclusión de todo esto, y es que, aunque parezca contradecir todo lo anterior, a veces la música no es necesaria para endulzar lo que ya sabe bien, siempre que el payaso de Mikolor sigue radiante aun cuando no haya música.

 

La canción del día: “Su día libre” – Quique González

 

El coche de hoy: Lamborghini 400 GT (1967)

1967-lamborghini-400-gt

Imaginación

Pasó por mi mente esta mañana, diseñando:

Exige una sonrisa y una mirada perdida. Se nutre de música, de imágenes y de pronósticos. No piensa en el futuro pero lo escribe en el aire. Almacena personas y objetos, estímulos y vivencias. No respeta tiempos ni aspiraciones, momentos ni lugares. Vive en una realidad paralela. Vive en ti. Vuela. Se llama imaginación. Trátala bien.

 

La canción de hoy: “Tenía que decirlo” – Quique González 

 

El coche de hoy: Chevrolet Havana

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La sombra

Pasó por mi mente el viernes pasado, corriendo por el Parque Lineal:

En algunos juegos de coches, existe una figura que se podría traducir por “sombra”. Esta “sombra” suele aparecer cuando estás, por ejemplo, en la calificación dando vueltas para partir en la mejor posición posible en la carrera. La “sombra” es tu propio coche haciendo la mejor vuelta, y es muy útil porque sirve como referencia para tomar algunas curvas, frenar a tiempo, ajustar la trazada, etc. Normalmente viene con un 50% de opacidad, como una especie de fantasma.
Bien, pues este día que comento, decidí hacer la misma ruta que había hecho la semana pasada, para comprobar si me encontraba mejor o peor. En ese momento, necesitado de pensar en algo que sufragase el aburrimiento que me produce correr, me imaginé a mí mismo en modo “sombra”, me vi correr delante de mí y pensé que sería genial poder trasladar esa opción a la vida real. No únicamente al footing, también a otros momentos. Por ejemplo, un sábado por la noche. Ver mi propia “sombra” a la misma hora pero del sábado anterior. Tomando copas, hablando con la gente, pidiendo chupitos de absenta, ¿vestido peor o mejor que hoy? ¿por qué esa camiseta? ¿con quién hablaba y por qué? ¿cómo se llamaba? Verme apoyado en la barra del Velouria, escuchar algo de lo que dije y sentir vergüenza “ajena”. En este caso, no seríamos ni la sombra de lo que fuimos, sino la sombra de lo que somos.
La canción de hoy: “La luna debajo del brazo” – Quique González
El coche de hoy: Jaguar F Type

Carreteras secundarias

Helados contra matemáticas

 

Pasó por mi mente este verano, esperando mi turno en una heladería. [Diálogo]

– Heladero: “Buenas tardes”

– Cliente: “Hola. Quiero dos tarrinas de helado de dos sabores”

– H: “¿De qué tamaño? Las hay de 2, de 3 y de 4 euros”.

– C: “Quiero dos tarrinas de 4 euros“.

– H: “¿De qué sabores?”

– C: (tras repasar 17 veces los sabores disponibles) “Una de tiramisú y leche merengada. Y otra de (tras repasar nuevamente los sabores, por si los habían cambiado) turrón y dulce de leche”

– H: (pasado un minuto) “Aquí tiene caballero”

– C: “¿Me dice cuánto es?”

 

La canción de hoy: “Salitre” – Quique González

 

El coche de hoy: Ford gt40