Historias Vs. Movidas

Pasó por mi mente ayer, tras una conversación un tanto absurda en el trabajo:
Tras lanzar esta pregunta al aire: “¿Tenemos que preparar alguna historia o alguna movida para la reunión?”, rápidamente mi interlocutor, con una razonable curiosidad, observó: “¿Cuál es la diferencia entre una historia y una movida?”. Yo, que nunca me lo había planteado, y en un ambiente distendido, contesté algo más ligero que lo que vengo aquí a contar. Lo plasmaré en un par de párrafos para que su esencia no quede en el olvido.
Una historia podríamos definirla como un trabajo denso, estructurado, algo lo suficientemente serio como para que el esfuerzo titánico de prepararlo sea recompensado por la más absoluta de las indiferencias; es decir, que nadie de los allí presentes cuestione su razón de ser, utilidad, significado o posterior ejecución. Ya sea por aburrimiento, hambre o ausencia de interés general, tus interlocutores comprenden que has hecho un trabajo arduo, complejo, extenso. No quieren, no necesitan saber nada más.No desean prolongar la agonía, ni la tuya ni la suya. Sólo quieren escapar de allí. Preguntan por la crisis, debaten sobre el calor, se marchan sonrientes a sus casas u oficinas. Se despiden sin mirarte a la cara.
Una movida, en cambio, es algo ligero, rápido, cualquier cosa para salir del paso. Un trabajo con alfileres con el que no te acostarás tranquilo, pues sabes que en cuanto abras los ojos a la luz del lorenzo, te perseguirá un sentimiento de culpa y arrepentimiento, estilo “joder, esto no hay quien lo presente”. Pero ya es tarde. Llegarás a la reunión con la sensación de caminar sobre la cuerda floja. Cualquier pregunta que se salga del guión preestablecido puede dar lugar a una improvisación tan peligrosa como excitante. Cuidado, porque salir indemne de este tipo de situaciones tiene algo de lo que carecen las mencionadas historias, el orgullo de saberse inteligente, de comprobar como con dos tonterías has convencido a todos, que te reconocen el esfuerzo y la dedicación.
La canción de hoy: “Appreciation” – 213 –
El coche de hoy: Porsche Cayman S

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¿Qué pensarían aquellos cuyas marcas llevan su nombre?

 

Pasó por mi mente esta mañana, al ver mis cereales en la despensa:

Exacto, ¿qué pensarían aquellos que en su día dieron nombre a ciertas marcas, dejando en manos de terceros el rumbo de las mismas sin control alguno? Algunos ejemplos:

 

Golden Graham`s. Joven ambicioso residente en Georgetown (Carolina del Sur), Graham Johnson decidió emprender un negocio familiar con el que alimentar a sus catorce hijos. Con múltiples tierras en propiedad, murió en la famosa guerra del algodón en Carolina del Sur allá por 1918. Jamás imaginó que sus cereales serían vilmente anunciados en espacios publicitarios del Club Megatrix, con niños de rasgos claramente germanos masticando como si no hubiera un mañana, apostándose auténticas locuras por unos simples cereales cuyo precio no supera ni los dos euros en cualquier supermercado. Cambiaría de agencia de publicidad de manera fulminante, y lanzaría al mercado una versión de Golden Graham`s light/bifidus apoyados en divinidades tales como Emma García, Susana Griso o Nuria Roca, adalid todas ellas de la eterna juventud.

 

Ford. Como precursor del trabajo en cadena, Henry Ford se preguntaría el por qué cada generación del Focus es más fea que la anterior y exigiría una explicación sobre por qué se llegó a fabricar el Ford Fusion, sin duda lo más lamentable en cuanto a belleza automovilística junto al irresistible Fiat Multipla y el inimitable (gracias a dios) Audi A2. Exigiría la vuelta de las personas en lugar de las máquinas para retomar el sentido del gusto en su marca. Jugaría al padel haciendo pareja con Emile Peugeot.

 

Dr.Oetker: Aplicado estudiante de Medicina de la Universidad de Yale, William Oetker colaboró en la investigación y desarrollo de vacunas contra la gripe australiana. Murió en circunstancias extrañas sin dejar herencia alguna, por lo que sus compañeros de profesión más allegados decidieron crear una empresa “potencialmente rentable”, objetivo poco probable en la investigación médica, lanzándose así al mercado de la cómida rápida y precocinada. A pesar del éxito cosechado, si William resucitase se llevaría las manos a la cabeza con el logotipo tan lamentable que lleva su nombre, admitiría que sus pizzas son las indiscutibes líderes del mercado y reservaría un stand de considerable tamaño en las distintas ferias españolas. Volvería a morir discretamente asesinado por un par de sicarios enviados por Casa Tarradellas.

 

La vaca que ríe: Nuestra dócil protagonista fue víctima del engaño, de la traición. Murió allá por 1996 en los prados, tranquila, feliz, como consecuencia de una enfermedad venérea. En los días previos a su muerte, fue requerida para una sesión fotográfica para el dominical YODONA. La excusa: un reportaje llamado “la sonrisa vacuna es posible”. De ahí se pudo extraer lo que hoy conocemos como el logotipo de la marca. Si hoy reviviese, exigiría un alto porcentaje por derechos de imagen, demandaría a YODONA por la cesión de copyrights a terceros y protagonizaría tensos juicios que derivasen en una suculenta indemnización. Formaría parte del elenco de colaboradores de Sálvame y se preguntaría con insistencia el por qué de un nombre comercial tan ridículo.

 

La canción de hoy: “Never gonna be another” – Jamiroquai


El coche de hoy: Lexus LF-A

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Retroceda tres casillas.

 

Pasó por mi mente el 19 de septiembre a las 18.30, tras una situación tensa:

El juego se acabó, al menos provisionalmente. Las eternas aspiraciones han dado paso a un mar de dudas e incertidumbre del que no hay rescate a la vista. La improvisación diaria de estos años parecen ahora heridas abiertas y promovidas por placeres esporádicos que ahora son lujos inalcanzables. El espíritu de supervivencia que siempre contemplé desde arriba ahora me mira por encima del hombro, me somete a pruebas exigentes que no creo merecer, aunque intentan ser impuestas bajo la sospechosa excusa de que puedo dar gracias a dios. No sabe la excusa que no tengo dioses ni héroes, y que soy más inteligente que ella. Lo estaba pensando, quería escribirlo, y ahora que lo he escrito, solo quiero borrarlo. Pero no voy a romper la única norma de LCS.

 

La canción de hoy: “Hurt” – Johnny Cash

 

El coche de hoy: Mercedes 450 SL

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Botellas arrugadas

Pasó por mi mente a las 14.30 de hoy, tras escuchar a tres compañeros arrugar sus botellas de plástico en un intervalo inferior a 30 minutos:

Gente que arrugáis las botellas, ¿por qué lo hacéis? Todavía no he visto a ninguno de vosotros bajar la basura de la empresa, no tiene sentido. ¿Qué beneficio obtenéis? ¿Os consideráis buenos compañeros? Espero que al menos lo hagáis en vuestra casa también, cuando yo no esté presente.

 

No entiendo el poder o el motivo irreparable qué mueve a alguien a arrugar una botella que va a ir a parar al mismo sitio, reciclándose o no por los mismos canales. No ahorráis espacio, que lo sepáis, sin embargo sí me provocáis amagos de ataques cardíacos porque no avisáis, preparáis la botella sibilinamente y la arrugáis con el, al menos aparente, objetivo de hacer el mayor ruido posible. Contaminación acústica, que también es nociva, y sin previo aviso.

 

Tal vez algún día decida yo preservar el medio ambiente con botellas de vidrio, rompiéndolas contra la pared. Misma contaminación acústica y mismo beneficio. Ayudar a la madre naturaleza, ¿no?

 

La canción de hoy: “Manchegas” (instrumental) – Baile regional de la Feria de Albacete

 

El coche de hoy: Tesla Model S

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Colores

Pasó por mi mente este martes, tras escuchar por enésima vez que tiendo a la confusión cromática:
Dos personas observan una luz que refleja un color concreto. El color está en el aire y es el mismo para ambas: sin embargo, lo perciben de distinto modo aunque compartan un momento concreto. Bajo el aparentemente agradable reflejo se crean estímulos emocionales que generan sentimientos, impulsos, reacciones y comportamientos de los que uno mismo se sorprende.
Pero al igual que la percepción del color, lo que por fuera es idéntico para ambas personas, interiormente no se gestiona siempre de igual manera, provocando que lo que para uno es naranja, para otro es rojo; y la simpleza de una tabla de colores básica se convierte en una gama de pantones que dificulta extremadamente la coincidencia exacta de dos colores que en principio y desde el exterior se contemplan iguales el uno al otro.
Colores, obviaré que tenéis un nombre y me limitaré a utilizaros y a sentir más atracción por unos que por otros. No me dejéis en evidencia, igual no lo sabéis pero ciertos defectos son virtudes potenciales.
La canción de hoy: “Woh!” – Tote King –
El coche de hoy: Ferrari FF

¿Me gusta? No, cuelga tú

 
Pasó por mi mente ahora mismo, tras entrar al Facebook.
 
Chico comenta foto de chica. Chica pulsa “me gusta” sobre dicho comentario. Aprovecha para contestarle. Chico pulsa “me gusta” a este otro comentario. Y así entran o querrían entrar en un bucle infinito de “me gustas” recíproco que me viene a recordar al clásico “no, cuelga tú” de la época pre-whatsapp, época ya vintage en la que los chicos llamaban a las chicas a una hora previamente acordada para evitar que fuese el padre quien descolgase el teléfono, los cortes de voz, las explicaciones y retrasar la cena de toda la familia.
 
En 2012, toda esta parafernalia de pareja adolescente se ha convertido en una sucesión romántico-tecnológica de “me gustas”, que intrínsecamente viene a decir “me gusta” el que está pulsando “me gusta”, y yo “le gusto” a quien me devuelve el “me gusta”, que lo sepa todo el mundo. 
 
 
La canción de hoy: “Song 2”- Blur –
 
 
El coche de hoy: Aston Martin One 77
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