Niveles de exigencia ajena

Pasó por mi mente el 24 de julio, respondiendo a una pregunta espontánea:

(Advertencia: tal vez esta idea no sea definitiva, pero se mantiene en mi modus operandi hace tiempo ya, así que la escribo aquí para no olvidarla por si algún día necesito recuperarla para la causa. Añado también que la extensión de este contenido necesita ser bien explicada, por lo que, rompiendo mis propias normas, será más largo de lo normal.)

Los niveles de exigencia son aplicados directamente a las personas del entorno de uno mismo. Estos niveles, ajustados como explicaré a continuación, tienen el objetivo fundamental de evitar la erosión directa de las relaciones interpersonales, autorregulando las expectativas que unos tienen de otros y evitando discusiones, decepciones visibles y, en definitiva, poner en peligro el orgullo de cada cual en según qué casos.

Simplifiquemos con números. Existirían, por ejemplo, cinco niveles de exigencia donde:

  • 1= Exigencia escasa/expectivas de respuesta bajas
  • 3= Exigencia estándar/expectativas de respuesta normales.
  • 5= Exigencia elevada/expectativas de respuesta altas.

Los niveles 2 y 4 son directamente proporcionales al resto.

El nivel 3 sería el punto de inicio general en la relación entre dos personas. Desconocimiento mutuo.

Digamos que el sujeto A espera algo del sujeto B. Éste último supera las expectativas con creces (acercamiento a niveles 4 y 5), las cumple con lo justo (nivel 3) o no las alcanza o queda muy lejos (acercamiento a niveles 1 y 2).

En todos los casos, existe la opción de que el sujeto A exteriorice la sensación que le produce cualquiera de las opciones de respuesta por parte del sujeto B. En el caso de que ésta sea positiva, probablemente sea menos relevante la opción escogida por el sujeto A (mostrar reacción o aumentar nivel de exigencia internamente), pues es una situación positiva para todos, demasiado fácil como para concederle importancia o detenernos en este punto.

Pero si se produce una pequeña o gran decepción, existe el riesgo de exteriorizarlo de manera equívoca, o cierta pero con daños colaterales: se podría cometer el error de no ser justo y exigir más de lo que el sujeto B está dispuesto a dar. Si por el contrario se elige la opción de no mostrar la decepción, el sujeto A siempre podrá descender al sujeto B de nivel, rebajar el grado de exigencia, esperar menos de él, alejarse y, llegado el caso, reducir la intensidad de la decepción si ésta se vuelve a producir.

De esta manera, todos tienen mucho que ganar, pues el que no espera nada o espera poco del otro (niveles 1 y 2) corre un riesgo escaso de decepción, por lo que todo aquello que suponga el cumplimiento o superación de expectativas (niveles 3, 4 y 5) será siempre bienvenido y recibido, si cabe, con mayor entusiasmo, por estadístico, frío y tal vez eventual que sea.

Resumiendo, y en base a lo que percibo, opino que los niveles de exigencia internos a los que sometemos (inconscientemente) a las personas, son menos dramáticos, emocionales y permiten conservar el amor propio de manera brillante cuando se ajustan interiormente, pues normalmente aquellos sujetos cuyas respuestas suelen rayar los niveles 1 y 2, alimentan la permanencia en dichos niveles cuanto más sienten que alguien espera situarlos a otro nivel.

O lo que se llama con frecuencia “ni contigo ni sin ti”.

 

La canción de hoy: “Ms. Fat Booty” – Mos Def –

 

El cuadro de hoy (sustituye puntualmente al coche debido a mi flamante visita al Guggenheim donde quedé impresionado por…): “La autopista de Pearblossom” – David Hockney –

* Interludio 1

Pasó por mi mente, sin más:

Contemplo el cielo con ojos de eternidad

Líneas blancas dominan el bronce a mi alrededor

Luces lejanas conquistan mi coche entre tanto calor

El reloj descansa, se olvida y me dejo llevar.

Recuerdos, reflejos y miradas al despertar

Suena genial pero no conozco esta habitación

Ausencia de ropa, sexo, suerte y reconstrucción

Copas, excesos, placer e improvisación.

Soy todo tuyo y tú eres mía en mi imaginación

Camino sobre tu piel en un universo ardiente sin sol

Música, expectativas, ahora o nunca sin tregua

No hay semana en la que no persiga tu estela

Única, pensativa, excesiva y egoista por naturaleza

No queremos encontrarnos,

Tampoco alejarnos

Eres la noche

Eres eléctrica

Y no te olvido, por más que quiera.

 

La canción del día: “The night out” – Martin Solveig

 

El coche del día: Dodge Challenger (70`s y actual)

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Las versiones de uno mismo y el resumen del hemisferio que piensa

Pasó por mi mente el 20 de julio, a las 4:30 aproximadamente:

Tener dos versiones de uno mismo no siempre significa bipolaridad, pero tampoco versatilidad. Existe el riesgo de no estar de acuerdo nunca con la versión que se experimenta en cada momento.

Eso viene a provocar aquel inconformismo ilimitado comentado anteriormente. Y ese inconformismo ilimitado puede desembocar en una profunda sensación de hacerlo todo al revés.

Sin embargo, y como hay cosas que no se entienden, en ocasiones cuanto peor se hacen las cosas, mejor resultado dan, dando origen nuevamente a la teoría 361º.

Cuando, en este caso, se haya llegado al grado 1º por segunda vez, superadas e interiorizadas las contradicciones limítrofes gracias al optimismo desbordante, la sensibilidad rectangular tomará cuerpo esférico y sí, entonces sí, estarás de acuerdo con la versión entrañable y políticamente correcta que los caballos de color marrón, blanco o negro exigen a los caballos de color rojo cuando presienten que les adelantan por la derecha en su propio hipódromo, por esa curva de la felicidad que los comunes mortales se niegan a atravesar por miedo a dejar de ser corrientes.

 

La canción de hoy: “Aquarela do Brasil” – Elis Regina

 

El coche de hoy: Volkswagen California

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Los caballos de color rojo

Pasó por mi mente el 18 de julio, después de comer:

Son distintos, para algunos raros, no se hacen entender fácilmente. Valen más de lo que los comunes mortales están dispuestos a pagar por ellos. Sonríen cuando todos lloran y lloran cuando todos sonríen. La contracorriente que los hace especiales, únicos y, a veces, destinados a correr más rápido que el resto. Solo que no todo el mundo es consciente de esta realidad, y apuestan a los caballos marrones, blancos o negros.

Pero el caballo ganador no siempre es el caballo por el que todo el mundo apuesta. El que se conforma con algo, apuesta por los caballos de color marrón, blanco o negro. El que lo quiere todo, apuesta por los caballos de color rojo.

 

La canción de hoy: “Things are looking up” 

 

El coche de hoy: Mazda RX3

Contradicciones limítrofes

Pasó por mi mente el 12 de julio, tras cuatro copas de vino blanco por Murcia:

Saber que haciendo lo correcto estás perdiendo parte de lo que te mantenía con vida. Saber que exteriorizando tus emociones solo consigues complicarlo todo. Saber que sólo deseas aquello que no tienes. Saber que aquello que no tienes no lo tendrás ahora. Saber que no lo tendrás por decisión propia. Saber que ya no es importante. Saber todo esto y aun así no saber qué hacer…

*No obstante, mientras escribía esto ya era viernes así que…

La canción de hoy: “Copenhague” – Vetusta Morla –

El coche de hoy: Maserati Gran Sport CabrioImagen

La curva de la felicidad

 

Pasó por mi mente en un día sin importancia, tras escuchar la expresión en algún sitio:

Lástima que de esa expresión se infiera que el declive físico, generalmente voluntario, signifique felicidad. Como si para ser feliz hubiese que estar gordo o empezar a estarlo. Cada cual que haga con su cuerpo lo que quiera, pero… ¿por qué ocupar expresiones como esta cuando podrían significar algo mucho más interesante?

La curva de la felicidad no está en mi cuerpo, sino en la carretera. Viste de asfalto oscuro, gasolina y trigo por ambos lados. Tiene carácter, destila misterio y se pasa a 60. Reducir antes de entrar y acelerar progresivamente mientras se deja conocer aunque diga que no ha cambiado. Estrangular el volante y sentir los neumáticos vibrar. Vive en paisajes de origen en blanco y negro y está olvidada por quien la trata como a un simple objeto al que sortear entre lamentos.

No está escrita ni recitada en voz alta, pero ella y yo nos conocemos bien, y no hay Navidad o verano en la que no pase a verla. Sonrío, acelero y gracias, nos vemos en seis meses.

 

La canción de hoy: “You give me something” – Jamiroquai –

 

El coche de hoy: Porsche 911 Carrera

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